Junto con los jóvenes del grupo de Jornadas, fui los primeros
días de mayo a un congreso nacional del movimiento, fue una buena experiencia
porque ellos que se sentían un pequeño movimiento desconocido y luchando solos
contra el mundo se dieron cuenta de que son parte de dos cosas más grandes que
ellos mismos (nomas íbamos 8): un movimiento nacional donde los puros
dirigentes, que eran los que fueron al congreso eran casi 1000; y una Iglesia
que trabajo no sólo en un ejido sino en todo lugar.
Para
mí la experiencia fue bella por dos cosas: primero, éramos 8 sacerdotes los que
asistimos al congreso y casi los 900 chamacos tuvieron la brillante idea de
quererse confesar, así que los primeros dos días los pasamos casi en todo
momento confesando, si hacen división nos tocaban más de 100 por padre. En segundo
lugar, los sacerdotes congeniamos casi inmediatamente, se hizo un grupo de
convivencia y plática muy ameno y enriquecedor, cosa que con poca frecuencia
sucede tan rápido y tan espontáneamente; no desaprovechamos el tiempo y
planeamos lo que nos correspondía a nosotros mismos dentro del movimiento.
La
Sotana voladora por fin ha cobrado vida, el lunes me pidieron bendecir un local
de comida en el ejido, tuve la brillante ocurrencia de irme en bicicleta
jajajajaja (y lo haría de nuevo), la bendición pasó sin nada fuera de lugar,
luego de ella me sirvieron un omelette que era la especialidad de la casa y que
entre charla y charla misteriosamente desapareció de mi plato. El asunto fue de
regreso, tenía que cruzar la carretera, lo que implica subir y bajar un montículo
de tierra, y al bajarlo toma que la bicicleta se me derrapa y con sotana y todo
salí disparado de boca por los aires jajajajaja, gracias a Dios alcancé a meter
las manos y amortiguar la caída jajaja. Conclusiones: sigo recordando la escena
y la única teoría probable es que el exceso de peso que llevaba (el omelette)
fue el causante de todo; segunda conclusión, que nadie me vió porque hace 4
días de eso y nadie me ha dicho nada, si un mitote en el ejido no te llega en 4
días es que no se enteró nadie jajajajaja; tercera conclusión, dar gracias de
que Dios no tenga cuentas ni de “face” ni de “youtube”, porque que fotos y
videos de uno no subiría para divertirse jajajajaja.
Estas
últimas dos semanas que la vida parroquial ha estado algo tranquila las he aprovechado
para el placer del estudio. Mi secretaria concuerda en que soy un anciano de 100
años en un cuerpo de 30 años, y es que la escena de ponerme a estudiar de por
sí es ya digna de risa: escritorio antiguo con patas en espiral; lámpara de los
años 50, tetera del sombrerero loco llena de té de hoja entera acompañada de
una taza victoriana, la laptop con “la Flauta Mágica” o “el Barbero de Sevilla”
que han sido buenos compañeros de lectura, un gato negro de 7 dedos por pata
dormido a mis pies y el libro de turno en las manos. Si la escena de por sí es
rara lo que la hace más rara es el ejemplar que lee en medio de ella jajajaja.
Ayer
Martes recibí un libro que tenía días esperando como un niño, Ortodoxia de G.K. Chesterton, una preciosísima
apología de la tradición y la ortodoxia hecha por uno de los más hermosos
genios del s.XX. Lo he leído despacio, con deleite y sin querer que se acabe;
me ha hecho derramar lágrimas, no las lágrimas de un sentimentalismo, sino las
lágrimas que brotan de contemplar la belleza de ideas no solo profundas sino
armónicas con la realidad misma. En un párrafo puede mezclar la vida cotidiana,
la perfección del lenguaje, la profundidad de la teología y la inocencia del
niño con la genialidad de un artista no del lenguaje, sino del vivir. ¿Cómo no
voy a disfrutar a un escritor que exalta al mismo tiempo las tradiciones, la teología,
la locura (mas cuerda que la razón), la inocencia infantil, la debilidad humana,
el cristianismo, y la buena comida? Bueno, me despido porque ya me está
brotando la rata de biblioteca que llevo dentro, hasta pronto jajajaja. †
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