
Entonces ¿Cuál
es la solución?
Una
revolución “Vintage” de
Creyentes, no sólo jóvenes: que Recen el Rosario y lean vidas y obras de santos,
que crean en la virginidad y el matrimonio. Una generación de mujeres que
valore la belleza de rezar e ir
al templo con velo y de varones que pongan detalle a vestirse en domingo
distinto a todos los otros días.
Una generación que no
siente miedo por valorar la belleza del latín y de los ritos cargados de símbolos,
que sepa ver la riqueza cultural y sagrada de la Iglesia como una herencia viva
y no como un peso muerto.
Que
de nuevo lleve flores, veladoras y ex-votos a los templos. Que sepa redescubrir
que las romerías, las procesiones, la misa ad-orientem, el canto gregoriano y
el comulgar de rodillas no son piezas de museo sino prácticas que supieron
envejecer bellamente sin perder su fuerza y su valor.
Si
no tienes claro de que hablo,
aquí puedes ver algunas fotos de la vida pública de la iglesia antes de la década
de los 60’s donde estaban obsesionados por modernizar todo. Si estas fotos
despiertan la belleza de lo divino en ti, ¡únete a la revolución “vintage”!
También
hacen falta sacerdotes que sepan sacar del arca de la Iglesia sin prejuicios
cosas nuevas y viejas. Que no tengan miedo a ser llamados “tradicionalistas” y
disfruten de nuevo de usar velas de cera, casullas de guitarra y el canon
romano. Que no “tuerzan la boca” cuando un feligrés comulga de rodillas. Que
sepan “esculcar” en una herencia espiritual de la que sólo nos hablaron, pero
no nos entregaron.
Por
eso creo que si debe haber una revolución dentro de la Iglesia debe ser una
revolución “Vintage”. Porque creo que las generaciones anteriores (60-70)
desecharon demasiado rápido en ansias de novedad y “ponerse al día con el mundo”,
una gran riqueza de vida de fe, de piedad, de “modus vivendi” de la fe que
valía oro. que no envejecía y el hombre despreció porque fue su alma la que se
hizo vieja (cfr. Chesterton).
La Decepción
Como
sacerdote, siempre he trabajado con jóvenes e inicié, porque me lo presentaron
como una panacea de vida pastoral, con todo el ambiente de dinámicas, retiros
emotivos abarrotados de jóvenes, con cantos, decoraciones modernas y misas
“vivenciales” y con “novedades”; congresos-concierto multitudinarios para
acercar a los jóvenes. Y de verdad, mis primeros años los descasté siguiendo
este modelo pastoral.
Pero debo de ser sincero, cada vez me siento menos inclinado a este
tipo de “pastoral juvenil emotiva” porque el fruto, a la larga, es escaso y las conversiones profundas
pocas. Es un modelo que puedo comparar a
un cuchillo sin filo. Me he dado cuenta que los jóvenes que logran
realmente permanecer muchos años dentro de la Iglesia y tomar decisiones de
vida siguiendo su fe; los que sobreviven
un noviazgo sin “juntarse” y la universidad sin “perder la fe” siguen en su
mayoría otro “patrón pastoral”.
La Esperanza
Los
que permanecen en la Iglesia no son los que descubren las “novedades” sino al Cristo
de la novedad más vieja de todas “la Buena Nueva”. Los que descubren la belleza
de la liturgia y la solidez de la doctrina, los que saben disfrutar con novedad el tesoro que la “Fe de siempre” ha
representado. Porque es antigua sí, pero no por ello vieja, sino Eterna y
Perenne.
No es un simple volver al
pasado, sino traer al futuro, esos elementos que todavía tienen mucho que
ofrecer a la vida de los creyentes. Es una
renovación que no demuele y tira a la basura “lo viejo”, sino que sabe armonizar
la belleza de lo antiguo con lo cotidiano.
Esta
Revolución es volver a ver a la Esposa de Cristo con ojos sobrenaturales y donde el incrédulo ve una
anciana con costumbres anticuadas, nosotros vemos a la “Eternamente Joven” esposa de Cristo que vive con una sabiduría tan cercana
al alma humana y al corazón de Cristo, que nuca puede pasar de moda. †
Sublime ! Muy de acuerdo, me recuerda cuando iba a misa con mi abuela, usaba su velo, me exigía que me fuera linda y bien vestida, se trata esto de no querer modernizar sino de perfeccionar desde la devoción a Cristo , el Alfa y Omega, más allá de las modas. Es bella la tradición, infunde respeto y se respira una espiritualidad diferente, más profunda, me encanta ver los templos tan tradicionales del sur, con sus santos y llenos de tradiciones en semana Santa. Excelente artículo
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