Feliz Navidad, Feliz Nacimiento del Hijo
de Dios, porque a partir de ese día el universo completo giró alrededor de la
Tierra, y toda la tierra giró alrededor de
un Establo.

Cuanta
sabiduría se oculta en el Pesebre, allí, en la manera que nos nació el salvador
ya estaban presentes todas las verdades del evangelio. Así como en un bebé ya están
en germen y latentes todas las cualidades de un adulto, en el pesebre está
latente la semilla de todas las verdades del reinado de Cristo.
El Dios al que todo hombre debe doblar la
rodilla porque es poderoso, se hace pequeño y débil para que el que teme a su
poder se arrodille con cariño ante la ternura y fragilidad de un recién nacido.
Y si bien haciéndose hombre nos facilita el camino hacia él; no por humilde
deja de ser exigente con el hombre.
El
pesebre es un reproche cariñoso, velado y silencioso a todo orgullo del corazón
del hombre:
A
aquellos que están obsesionados con ser únicos e irrepetibles, con el derecho a
ser ellos mismos. Donde despreciamos toda tradición o camino “ya hecho” porque
nos roba individualidad. Jesús nos da
una sutil cachetada “Haciéndose Igual a Nosotros”.
Para
aquellos que les estorba todo tipo de autoridad, y el sólo escuchar la palabra
rey les causa urticaria porque no son retrogradas. Pero que curiosamente a su
vez arar la tierra, atender un mostrador, trabajar en una maquila se les hace
un trabajo indigno de realizarse. Cristo
nos deja ver que un mundo de reyes y campesinos; o de democracias y obreros
funcionan bien siempre que el Rey y el
Pastor; el Presidente y el Operador de Fabrica sepan arrodillarse delante del
mismo Dios.
A la
mujer (normalmente empoderada) y al hombre que no temen destruir la vida de un
bebé en su seno, porque no está en sus planes. El Pesebre les hace arrodillarse delante de un bebé que rige el destino
del mundo entero y que cambió los planes de La Mujer más empoderada del
Universo.
A los
gobernantes que se sienten dueños de la verdad y creen que votando pueden hacer
bueno lo malo y legal lo abominable; hoy tenemos a tres reyes arrodillados
delante de Dios ofreciendo tres regalos: Incienso
para Dios del cielo, Oro para el Rey que impuso la ley del evangelio, Incienso
para el hombre mortal. Porque no hay gobierno sobre la tierra que esté por
encima de estas tres verdades.
En el
pesebre está el Hijo de Dios rodeado de buey y mula para los soberbios que
creen que la religión es cosa de ignorantes, para que al arrodillarse delante de Dios también lo hagan delante de los humildes.
En el
Pesebre está Jesús en manos de una Madre y con uno al que Jesús llamó Padre, para que los soberbios que niegan y
desprecian a su Madre María y desprecian los Sacerdotes no puedan arrodillarse
delante de él sin arrodillarse delante de ellos.
Ante
el pesebre hasta las estrellas del
universo y los ángeles se inclinaron para
desconcertar a aquellos que desprecian a Dios porque “creen” que entienden el
universo. Y las estrellas que normalmente guían a los hombres ese día
cumplieron su misión de manera excelsa, pues guiaron a los hombres hasta el
creador de todo lo que existe.
Y para aquellos que se creen dueños del mundo, en ese
tiempo el Emperador del mundo entero, creyendo que mandaba un capricho suyo,
mando a censar a todo el mundo conocido; sin saber que en su “Capricho” estaba
obedeciendo de manera misteriosa al Mesías, que nacería en la ciudad de Belén.
Hoy a
nacido el Salvador del mundo, los Creyentes celebremos a Cristo, no las “fiestas”,
los que viven su primera navidad como verdaderos creyentes, disfruten su primera
fiesta con el Rey de los Hombres. A los
que no son creyentes, pero participan de alguna cena de navidad, no sean malos
gorrones y por lo menos ese día respeten al festejado.
¡Alégrese
la Tierra porque hoy ha nacido el Salvador del Mundo!
¡Feliz Nacimiento de Cristo a Todos!
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