
Traigo a colación a los Generales de
Dios, no sólo como algo piadoso, creo que la manera en la que actuaron cuando
fueron enviados, (o serán) nos sirve de ejemplo o advertencia a nuestra manera
de proceder como “generación de creyentes” delante de los ideales del mundo.
De hecho, creo que no sólo son un
ejemplo, son una cachetada guajolotera (sin detrimento de sus alas de ángel) para
ciertas prácticas donde nos hemos vuelto “fríos”.
Guajolotera N°1:
San Miguel Arcángel (Ap 12, 7-9; Dn 7,
11-12)
San Miguel, ¿Quién cómo Dios?, el arcángel
que confronta, que no deja que el Dragón prevalezca, interpela a los que nos
decimos creyentes del evangelio pero pactamos con el mal, somos tolerantes a
toda burla, a toda idolatría, a todo acto público de desprecio a lo católico
por parte del mundo en aras de la “tolerancia” de la “inclusión” y falsos
dogmas similares.
Hay males que tienen que confrontarse, no tolerarse. Hay estructuras de mal a las que hay que
quitarles el dominio no “pactar” o “dialogar” con ellas. Hay modos de vivir
que son pecaminosos y no pueden aceptarse como “modos de vida cristianos”.
¿Quién como Dios? Su nombre nos debiera resonar mucho
últimamente. “todas las religiones
llevan igual a Dios” ¿Quién como la Iglesia de Cristo?, “todas las
ideologías tienen algo de bueno” ¿Quién como el evangelio de Cristo?, “Dios
está en todos lados” ¿Dónde cómo en la Eucaristía y en la Santa Misa?, “Dios
salva de muchas maneras” ¿Dónde mejor que en los Sacramentos?, “todos los
hombres son hijos de Dios” ¿Quién como los Bautizados en su Iglesia?.
Es verdad estas
afirmaciones chocan de frente con tantas del mundo; igualito como San Miguel va
a chocar de frente con el Dragón.
Guajolotera N°2
San Gabriel Arcángel (Lc. 1, 5-25; Lc.
1, 26-43)
Gabriel fue el que anunció ambos
nacimientos, el de Juan el Bautista y el de Jesús, el Mesías. Los llama “grande
a los ojos del Señor” y “Santo que será llamado Hijo de Dios”. Cuando María
visita a su prima santa Isabel, el “Niño” salta de gozo es su seno porque, la
madre de “Su Señor” vino a verla.
Sólo
hay un pequeñísimo detalle que nos “cachetea” aquí, el “niño” que salta y el “Señor”
son Fetos. Con que claridad nos interpela este arcángel cuando país tras país
occidental celebramos el asesinato de fetos, de seres humanos que ya desde el
vientre son llamados “grandes” e “Hijos de Dios” como una victoria de la “libertad”.
Y que el hombre, cada vez más mundano y
ciego sólo llama “cúmulo de células” “producto” por no decir “equivocación” a
lo que Dios llamo “grande y santo” por boca del arcángel.
Guajolotera N°3
San Rafael Arcángel (Tob 8, 4-5; Tob Cap.
5-12)
Rafael fue el que acompañó a Tobías en el peligroso
viaje a tomar a Sara por esposa, a la que un demonio le había matado siete
esposos la noche de bodas. Pues siendo hija de Israel la había casado con
paganos; Tobías sigue los consejos del arcángel al unirse con su mujer y sus
palabras no dejan de hacernos pensar: “pues
somos hijos de santos y no podemos unirnos a manera de los gentiles que no
conocen a Dios” Tob 8,5.
Todo este relato de las bodas de Tobías y Sara resulta
en otra cachetada tronadora a una
generación de católicos que “coquetea” con el divorcio y la facilidad de la “nulidad
matrimonial”, comunión de “divorciados vueltos a casar” y con “diluir” el
concepto de familia para que cualquier cosa pueda serlo.
La Iglesia no puede hacer la institución del matrimonio
a Imagen del matrimonio “civil” de los paganos, somos Hijos del “Santo” y su “Divina
Esposa” y el matrimonio de los creyentes
no puede ser menos que Imagen de esa divina alianza de Cristo y la Iglesia.
El otro matiz de esta cachetada es el de la Unión Esponsal
del alma con Cristo al comulgar, si la unión carnal de dos esposos hecha al
modo de los paganos traía la muerte del conyugue, ¿Qué otra cosa sino muerte
puede traer al alma el recibir la comunión sin arrepentirse del pecado?. ¿Cuántos
“católicos” se unen a su Señor como los paganos, sin confesión, sólo porque les
nació?. Cristo pagó el precio de nuestra ofensa al Padre, el pecado, no podemos
acercarnos a él sacando de la basura y vistiendo de nuevo la ofensa que él
había pagado al Padre.
Suplica
Santos Miguel, Gabriel y Rafael, rueguen por nuestra
Iglesia para que siga su ejemplo. Con amor de Hermanos, con el ejemplo de sus
acciones, dennos sus cachetadas guajoloteras de ángel para que la Iglesia
despierte de su obsesión de querer parecerse al mundo y que recuerde que al único que debe parecerse es al que “No Fue Recibido
por el Mundo” (Jn 3,19).†