
Voy regresando de Culiacán, regrese demasiado pronto, menos de una semana, y en circunstancias poco gustosas, fui al funeral de un primo, uno de los mas grandes de la familia de mi papá, es curioso lo agridulce de la vida y como las cosas bellas y las tristes se entremezclan de modo inseparable, y como la delicadeza de las cosas bellas de la vida y la dureza de la debilidad humana remueven siempre en una danza bien coreografiada.
Me Avisaron el Jueves en la tarde mientras amasaba masa para hacer pizza, que por cierto me salio mal y no pude terminar de todos modos, celebre la hora santa y para cuando salí el padre ya le había pedido permiso al obispo para ir, no me puso peros y me fui junto con mi papa y una tía a Obregón donde vivía, llegamos al la funeraria y dimos el pésame a la familia, a su papá tenia años sin verlo. Llegamos una hora antes de la misa, en la parroquia el párroco me trató como un viejo amigo y como si estuviera en mi casa, toda la familia lo notó y quedó muy agradecida con él. De allí para mi sorpresa salimos todos para Culiacán, vino toda la familia, gente que tenia años sin ver; gente que jamás había visto, por cierto conocí a tres sobrinos que no conocía, entre ellos el hijo de mi primo.
Platiqué mucho nos tíos, abuelos, primos, muchas puestas al día, y encuentros agridulces por las circunstancias de los reencuentros. El hijo de mi primo cumplió el día del sepelio 2 años. Le dijeron que su papa se durmió y cuando vio el féretro el les hizo a todos con el dedo en la boca señal de que lo dejaran dormir, fue muy conmovedor y duro a la vez; de igual modo en la misa el estaba feliz viendo el nacimiento y jugando con un gato que se metió en media homilía. A mi me pareció hermoso porque era la chispa de vida de mi primo que aún latía en la alegría de su hijo que aun no entiende que es la muerte.
En el panteón antes de que lo cremaran abrieron la caja y lo bendije, le signe si frente, los oídos, los labios, el corazón, los pies y las manos, luego de que salí de la sala toda la familia vino para que la bendijera y que les bendijera objetos. En la noche le hicimos una piñata al hijo de mi primo y allí platiqué todavía con algunos de los que me faltaban de platicar. En la misa antes de venirme, todos mis primos, especialmente los del otro lado, en medio de todo sintieron que Dios hacía falta en sus familias.
Me regresé ayer con mi papá de raite con un tío y luego desde Santana en camión, platicamos mucho los dos también como hace mucho no lo hacíamos, me baje en la carretera a media noche y camine por el tierrero del dren hasta la parroquia, envuelto en una cobija bien al estilo pistolero porque se me olvidó la gabardina en Culiacán, en medio del aire frío, y los perros que ladraban, al pasar por las calles.





