
La verdad al platicar con compañeros de otros países, confieso que he llegado a sentir vergüenza de mi manera de vivir el cristianismo. Cuando Cheng, el chino, me dijo un día que habían arrestado a su obispo y no sabían que le iba a pasar, y que el también ha estado en la cárcel por el hecho de ser seminarista. O los seminaristas árabes, donde son el 3% en mayoría musulmana y ni siquiera pueden usar la cruz en público porque los encarcelan y no pueden convertir a un musulmán porque los condenan a muerte. O mis compañeros de la india que han sufrido de lejos que sus familias han tenido que huir al bosque por la persecución religiosa para no ser asesinados. O los seminaristas de hubo en mi colegio de Sri Lanka que ahorita están en medio de una guerra civil donde los católicos están muriéndose porque son los únicos que se animan a socorrer a los heridos y desplazados y por eso son blanco de los rebeldes.
La verdad cuando pienso en ellos me da vergüenza decirme católico, para ellos no hay cristianismo a medias, se vive todo o nada. Se da todo, se juega todo o no se hace nada. Y yo en un lugar donde puedo vivir toda mi fe viviendo tan tranquilo y a medias. Siento vergüenza lo repito.
Volviendo la idea del martirio, para los católicos occidentales es algo del pasado, ni nos cruza por la cabeza. Es algo remoto o algo para locos o fanáticos o que ya no es útil o necesario. Nuestro cristianismo es cómodo y a la carta, lo han castrado del heroísmo y de la intensidad que resurge con las persecuciones.
Pero al mismo tiempo no soy iluso, se que el martirio es un regalo de dios, no se busca (pero se puede desear). Lo que si esta a nuestro alcanza como decía es vivir el cristianismo como se debe, no a medias, con todo lo que conlleva, caridad, vencerse a uno mismo, perdonar (muy necesario hoy) y dar a Dios lo que le toca como se debe, no “a mi modo”.
De todas maneras, si le di a Dios mi vida, claro que me encantaría darle mi muerte también, si sólo voy a morirme una vez que mi muerte también le sea útil a Dios para acercar mas personas a él y para hacer un cambio en el mundo. Sí los delincuentes están dispuestos a dar la vida por hacer el mal, ¿Por qué los buenos la pensamos dos veces antes de arriesgarla por hace el bien? Poco están dispuestos a morir por hace el bien, pero todos quieren ver llegar l cambio en el mundo desde fuera, no se puede, sale de adentro.
Bueno, me despido dejándoles un poema que hice hace tiempo sobre el martirio y que todavía me pone chinito a veces y me confronta mucho. Y espero que halla más cristianos “locos” “fanáticos” decididos a seguir a Dios hasta la muerte.
“El Mártir no se Improvisa”
El hombre que entrega su alma
en el nombre de Dios hasta la muerte.
primero se ofreció a él en la calma,
el mártir no nace por la suerte.
Será capaz de derramar su sangre,
si doblo sus rodillas al sagrario.
si sintió por Jesús constante hambre,
podrá entregar su vida temerario.
sólo aquel que supo ser un héroe,
con paciencia en las cosas ordinarias,
sentirá que en su pecho le corroe
la inquietud por las más extraordinarias
Varón que supo ver sin fingimiento
como hermano al hombre mendicante,
y en su mesa dejó siempre un asiento
aún al pecador más repugnante.
Quien supo contestar aunque le cueste
al odio una sonrisa sincera,
será el hombre que demuestre
alegría por la hora en que se muera.
Para el mártir genuino no hay tiempo,
con su sangre brotará una sonrisa,
es su vida partida fértil campo,
el mártir no se improvisa.





